• Incendio en la ciencia española

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    http://www.elmundo.es/ciencia/2015/02/18/54e3a50a268e3e160f8b4576.html

    Incendio en la Ciencia española

    18/02/2015

    Muchos conocemos el dicho de «la vida llega tras el deshielo», pero cuando eres
    una bacteria resuspendida en glicerol dentro de un tubo de ensayo en un congelador a -80ºC, sólo puedes esperar la muerte. Esto mismo les ha estado a punto de pasar a las cientos de miles de muestras celulares, cepas de bacterias
    y virus que han visto como se iban derritiendo lentamente, como la cera de una fugaz vela de San Valentín, custodiadas durante años en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC.

    Durante la madrugada del pasado, los efectivos contra incendios de la Comunidad
    de Madrid fueron avisados de un incendio que se estaba produciendo en la sala de máquinas del edificio por causas aún desconocidas. Las llamas pudieron ser controladas y el incendio apagado, pero el edificio, inaugurado en 1992, como centro de investigación de excelencia, ha quedado sin suministro eléctrico, al no poder restablecer la tensión los grupos electrógenos de emergencia con los que mantener los equipos mínimos que el centro necesita para conservar sus muestras biológicas y las facilidades de cultivo de plantas y cría de animales que posee. Muestras biológicas de años de investigaciones en la lucha contra el
    cáncer, los virus y las infecciones bacterianas han estado a punto de quedar destruidas para siempre por el apagón eléctrico ocasionado por el fuego.

    Y es que, si los vehementes recortes en Ciencia y Tecnología, la contratación de personal técnico y científico, las ayudas o los proyectos de investigación, no han sido razón suficiente para tirar la toalla y abandonar, ahora el mantenimiento de las infraestructuras básicas de los centros y los equipos que se albergan en ellos empiezan a fallar. Nadie se explica cómo, ni por qué, pero
    el golpe, a una motivación ya vareada, es duro.

    «Es habitual que nos corten el gas o el vacío a partir de las 19.00 horas entre semana, y no poder usarlo durante el fin de semana como medida de ahorro. En nuestro laboratorio tenemos que utilizar bombonas de camping gas que nos apañamos en conseguir por nuestra cuenta para poder trabajar», comentan trabajadores de un laboratorio del CNB.

    Durante los últimos años, los trabajadores de los mejores centros de investigación del país vienen sufriendo las agresivas políticas de ahorro impuestas por el CSIC y el Ministerio de Hacienda y Competitividad, del cual depende la ciencia Española. El CSIC es la máxima institución científica del país y a pesar de haber sido rescatada de la quiebra, 'in extremis', con poco más de 95 millones de euros en 2014, sigue mal herida y convaleciente por los recortes. Desde 2008, la inversión del Ministerio ha caído un 36% de media y ha
    habido una reducción en personal investigador contratado de casi el 50%, según indican diversas fuentes, se han paralizado las becas y las ayudas a la formación pre-doctoral y se han incrementado las trabas administrativas para la
    contratación de personal científico. Unos recortes a los que se están enfrentando nuestros científicos con verdadera resiliencia frente a la austeridad impuesta por el Ministerio de turno y que sin duda están comprometiendo nuestra competitividad científica a medio y largo plazo. Evidencias de las consecuencias de dichas políticas de austeridad extremas no sólo son la fuga de nuestros más brillantes cerebros, sino también las condiciones, a veces incluso precarias, con las que tienen que enfrentarse diariamente para poder investigar.

    En el Centro Nacional de Biotecnología vienen sufriendo la austeridad obligada por el Gobierno con verdadera resiliencia. Si ya era difícil investigar en la lucha contra el cáncer, el VIH o las cepas de bacterias resistentes a antibióticos antes de los recortes, ahora la lucha es además más incómoda. Con los recortes han desenroscado la mitad de las luces de las salas y pasillos, el
    sistema de climatización se corta pasada la hora de comer, no hay gas pasadas las siete de la tarde y hay días que no cae agua caliente del grifo.

    «Por la tarde, cuando cortan la climatización empieza a hacer un frío que me tengo que poner el abrigo si estoy sentado ante el ordenador. Si tengo que leer
    o escribir durante mucho tiempo, prefiero quedarme en casa que hacerlo en el laboratorio, donde se me congelan los dedos y apenas puedo pensar», comenta un becario del CNB.

    Sin duda, una labor titánica de los que se dedican a la investigación en España, personas admirables por su talento y su tenacidad. Personas que encarnan la fusión perfecta entre atletas de élite y campeones de ajedrez. Pero
    las reglas del juego para que te dejen investigar a gusto en este país no están
    tan claras como estarían en las olimpiadas o en un torneo de ajedrez. Investigar en España tiene más parecido al juego de la Oca que a los 100 metros
    valla o a una partida con Kasparov. Pudiera parecer que la recesión, como tanto
    proclaman algunos líderes políticos, estuviera superada al fin y poco a poco todo vuelve a la normalidad. Vuelven tímidamente las ayudas y la financiación. Salimos del pozo, tiramos los dados y el juego continua. Pero los verdaderos efectos de la política de austeridad desmedida y los recortes salvajes están todavía por llegar.

    Y es que nadie se explica como un pequeño incendio ha estado tan cerca de acabar fundiendo años de sudor y sacrificio, viendo como muestras valiosísimas congeladas, poco a poco, iban por el mismo camino que la nieve en primavera. A pesar de contar el centro con grupos electrógenos de emergencia parece que algo
    ha fallado, pues el centro entero estuvo casi varios días sin tensión eléctrica, con todos sus congeladores y cámaras climáticas apagadas, calentándose lentamente, pero sin pausa. No se sabe si los recortes han influido en el incendio, pero es evidente que tanta austeridad va a salir cara.

    «¿Hay luz tras el deshielo?», se preguntaban algunos becarios del centro, el lunes por la mañana al acudir al trabajo. No saben si sus muestras congeladas fruto del esfuerzo permanente durante largos años se han fundido y están echadas a perder. A pesar de haber conseguido restaurar la tensión en las zonas
    más críticas del edificio, la mayoría se van a casa. No dejan entrar a nadie hasta que la energía se restablezca en todas las plantas y se confirme la seguridad. Esperan poder volver al trabajo pronto, aunque todavía no se sabe cuándo. Muchos temen que la mala suerte haya acabado con su trabajo. Si así fuera, difícilmente se podrían calcular las pérdidas de algo cuyo valor es incalculable. Así de vulnerable es la ciencia.

    Un valiosísimo tesoro de años de trabajo y conocimiento a punto de ser perdido,
    quizás, por unos euros mal ahorrados. Lástima que las muestras no sean de ladrillo u hormigón para que pudiera venir un banco a salvarlas. Anhelan volver
    a la normalidad y restaurar todos los desperfectos ocasionados por las llamas lo antes posible. Pero, sin embargo, iniciativas de fundaciones y asociaciones como Apadrina la Ciencia, que apuestan por luchar contra los recortes y evitar que nuestra ciencia muera de inanición con la participación y las aportaciones de los ciudadanos, reclaman nuestra atención. Cuando queda tanto por recuperar,
    toda ayuda es poca. Si los recortes dejaron algún rescoldo de motivación e ilusión, ahora, el infortunio. Así de vulnerable es la ciencia. Sólo les queda coger el dado, volver a la casilla de comienzo y seguir jugando. Las reglas del
    juego parecen más claras ahora: «de oca a oca e investigo por que me toca».
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    Marcos Pastor Calvet

    --- BBBS/Li6 v4.10 Dada-1
    * Origin: Eye Of The Beholder BBS - The Fidonet's Corsair (2:343/107)