• Indies, hipsters y gafapastas al paredon

    From Enric Lleal Serra@2:343/107.1 to All on Mon Oct 6 09:08:04 2014
    ­Hola All!


    Me ha llegado de una lista de correo que aún funciona... [e3]musica.


    http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-10-05/indies-hipsters-y-gafapastas-a
    l-paredon_223606/

    INDIES, 'HIPSTERS' Y GAFAPASTAS AL PAREDÓN >------------------------------------------

    Pss, pss, amigo. ¿Se siente usted el más moderno de su clase / oficina
    / familia? ¿Cree usted que Wilco, Arcade Fire y Radiohead son lo mejor
    que le ha pasado a la música en las últimas cuatro décadas? ¿Se toma
    las recomendaciones musicales de Rockdelux y Pitchfork como un dogma
    de fe? ¿Tiene fobia a la cultura politizada? ¿Se ríe usted a
    mandíbula batiente de los gustos musicales de chonis, perroflautas y bakaladeros? ¿Se cree usted, en definitiva, único y especial? Pues no
    se preocupe: tenemos la solución a su problema, la lectura del ensayo
    Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural
    (Capitán Swing, 2014), del periodista Víctor Lenore, que más que
    escribir un libro ha inventado la primera máquina de deshipsterizar
    personas. El ensayo se publica la semana que viene.

    De lo hipster hay que huir como de la peste, viene a decir Lenore, y
    sabe de lo que habla: él ha sido el primero en deshipsterizarse, al
    pasar de periodista musical deslumbrado por el indie en los noventa a
    crítico cultural embarcado en una misión en el siglo XXI: desvelar la
    impostura indie/hipster y, al mismo tiempo, acercar al gran público
    estilos y grupos en la periferia del gusto dominante.

    Lenore, periodista cultural de referencia y colaborador de este
    periódico, responde así a los que airean su contradictoria biografía
    personal y laboral para desarmar sus argumentaciones. "Damos demasiada importancia a la coherencia personal y muy poca a los debates
    colectivos", espeta.

    Y procede a explicar su caso para meterse en harina. O cómo Víctor
    Lenore escapó del infierno hipster y vivió para contarlo (y soltar
    unos cuantos mamporros a los indies): "En 1995 yo tenía 23 años y a
    esa edad la gente no suele ser muy fiable. Mi vestuario de entonces
    consistía en seis camisetas de Morrissey, seis de Sonic Youth y seis
    de Manic Street Preachers. Básicamente yo era una versión alienada y
    esnob de una belieber actual, con la desventaja de la carga de
    esnobismo que conlleva creerte 'alternativo' y superior a los demás.
    No sé si tengo razón en lo que escribo ahora, pero estoy seguro de que
    no la tenía entonces. Me conformo con que el lector se convenza de
    eso. En realidad, mi hipsterismo duró hasta pasados los treinta. Mitad
    por inclinación personal, mitad por imperativo laboral, me pasaba el
    día escribiendo alabanzas sobre Wilco, The Strokes, Animal Collective,
    Leonard Cohen, Los Planetas y otra serie de nombres 'elegantes',
    'exquisitos' y 'especiales'. Gran parte de mi vida era una burbuja
    estética ajena a la realidad, incluso a mis problemas vitales más
    inmediatos", cuenta a El Confidencial. Del indie también se
    sale. Puedo certificarloLenore, por tanto, sería la demostración en
    carne viva de que del indie, como de la droga, "también se sale". Es
    duro renunciar a ser especial, sí, pero se puede: el hipsterismo tiene
    cura, amigos. "Del indie también se sale. Puedo certificarlo. Ayuda
    cumplir años: te relajas y vas tomando conciencia de que muchos de tus
    códigos culturales son fruto de la inercia, la inseguridad y la
    idiotez individualista", espeta.

    Todo esto suena un poco a la furia del converso, en efecto, como si
    Lenore hubiera decidido purgar sus pecados de juventud acabando a
    bombazos con el indie. Que el cantante Nacho Vegas prologue el libro,
    en un texto reflexivo y con mucho filo político, podría reforzar esa
    idea. Pero no. Lo que hace que Indies, hipsters y gafapastas sea
    muchísimo más que el desahogo de un crítico en dramática lucha
    freudiana contra sí mismo es la capacidad de Lenore para argumentar su
    tesis.

    Estamos ante un ensayo con chicha -en la línea del traje que le hizo
    Thomas Frank a la mercantilización de la contracultura estadounidense
    en La cultura de lo cool- sobre un tema relevante, ya que refleja
    dinámicas sociales profundas; por ejemplo, la relación entre nuestros
    gustos culturales y el modo en que nos organizamos como sociedad. Por
    si todo esto no fuera suficiente, Indies, hipsters y gafapastas es
    también un libro beligerante que va a levantar ampollas: Lenore
    reparte mandobles a diestro y a siniestro (la lista de grupos,
    escritores, directores y medios de tendencias vapuleados en el ensayo
    es demasiado extensa como para comentarla con detalle). Toda una rara
    avis, por tanto, en el contexto del periodismo cultural cañí, más
    amigo de la reseña promocional y la obsesión con las tendencias que de
    los enfoques conflictivos.

    Lenore ha tenido en los últimos años sonoros "desencuentros" con lo
    que él denomina "el ala dura del hipsterismo, la que "no soporta a
    Manu Chao por ser un artista que hace música popular latina". Su
    explicación a esta fobia hipster no le ayudará precisamente a limar
    asperezas con sus enemigos modernos:

    "Siempre me ha interesado América del sur: Víctor Jara, Rubén Blades,
    el reggaetón....Son artistas que la mayoría de hipsters españoles no
    soportan, seguramente por una mezcla de prejuicios racistas y
    clasistas", afirma.

    A los indies les repatea escuchar la misma música que disfruta una
    señora ecuatoriana que limpia casasY procede a poner un par de
    ejemplos sangrantes: "A los indies les repatea escuchar la misma
    música que disfruta una señora ecuatoriana que limpia casas. Todo lo
    que sean problemas ajenos les suena a panfleto. Esta escena cultural
    arrastra un enorme cargamento de prejuicios. Pero no hablamos solo de
    una cuestión de gustos: un hipster puede pasar tres días de fiesta en
    un festival como el Sónar y despreciar a la gente que baila los mismos discjockeys en un club de extrarradio donde acude público de clase
    obrera. No es solo lo qué bailas, sino con quién lo bailas. Parece
    que escuchar una sesión de techno rodeado de diseñadores gráficos
    fuera más valioso que hacerlo entre reponedores del Ahorra Más. La
    cultura hipster, en gran parte, funciona como legitimación del
    clasismo", afirma con no poca dosis de vitriolo.

    Para entendernos: lo hipster sería la actual degeneración de lo indie,
    y a todos ellos les podríamos agrupar bajo la etiqueta clásica de "los modernos". Término que en otra época se asociaba más al underground,
    pero que actualmente, según Lenore, vendría a poner nombre a una élite
    cultural del buen gusto. La casta de la modernidad (ejem). Los
    modernos han hecho suyos los valores de la clase alta, empezando por
    el consumismo, la meritocracia y el emprendizaje". Son élite porque
    están más atentos que nadie a los nuevos productos culturales. Unos
    dicen que los hipsters son jóvenes con gran curiosidad cultural, otros
    les vemos como los consumidores más inseguros y obedientes del mercado
    (por lo menos, yo lo era en mis años como hipster). El 'buen gusto' es
    un concepto vacío, variable y cuestionable. Cuando nuestra abuela
    compra una figurita de Lladró suele hacerlo en nombre del buen gusto.
    No encuentro mucha diferencia entre eso y pagar cien euros para
    escuchar los gorgoritos de Bjork en el Liceo o de Antony & The
    Johnsons en el Teatro Real, acompañados de una escenografía
    posmoderna. No se trata de depurar nuestro 'buen gusto' para llegar a
    otro mejor, sino de examinar qué tipo de relaciones generan nuestras preferencias estéticas. Una escena cultural elitista y mitómana no es compatible con una sociedad igualitaria. Los hipsters solo son élite
    en el sentido de que han hecho suyos los valores de la clase alta,
    empezando por el consumismo, la meritocracia y el emprendizaje. En
    muchas ocasiones, se trata de un proceso inconsciente", razona.

    El libro de Lenore sería, por tanto, un intento por dinamitar la
    presunta neutralidad del gusto cultural. Apoyándose en los análisis
    del sociólogo francés Pierre Bourdieu, el ensayista trata de demostrar
    que los gustos no vienen determinados por la sensibilidad de cada
    cual, sino por factores tan poco bucólicos como la clase o el entorno
    social. El gusto cultural no es inocente.

    Confundimos la cultura con la lista de la compra de la FNAC. "El
    mercado no es algo neutro: tiene una fuerte carga de imposición. Nos
    meten por los ojos ciertos productos como requisito para encajar en determinados ambientes sociales. Lo que marca ahora la pauta puede ser
    un Iphone, un disco de Kanye West o una exposición del fotógrafo porno
    punk Terry Richardson. Escoger esos consumos no es rebelarse frente a
    lo que propone Telecinco, sino ser obediente con lo que prescribe
    Radio 3 y las revistas de tendencias... Escoger entre los productos
    culturales que nos ofrece la industria es mucho más fácil que
    construir relaciones culturales propias. Por eso confundimos la
    cultura con la lista de la compra de la FNAC. Muchas pandillas indies
    no tienen más conexión que ser fans de Joy Division, Radiohead y
    Arcade Fire; son relaciones basadas en contraseñas estéticas. La
    mayoría de iconos hipster apuestan por un nihilismo cool: el mundo es
    un absurdo irreparable y lo único que merece la pena es acumular
    placer y refinar tu sensibilidad artística. Me parece una postura muy reaccionaria", espeta Lenore.

    El periodista, que abre muchos frentes argumentativos en el ensayo,
    analiza también por qué los medios de comunicación priman la cobertura
    de lo indie/hipster sobre el resto de movimientos culturales. Una de
    las explicaciones tendría que ver con su condición de producto de
    consumo que encaja como un guante en el mainstream económico; lo que,
    según Lenore, convierte en entrañables las ínfulas alternativas de los hipsters.

    "Thomas Frank dice que 'las élites adoran la revoluciones que se
    limitan a cambios estéticos'. Lo hipster es una estética de aire
    moderno que, al mismo tiempo, no crea conflictos políticos con los
    directivos, los anunciantes, ni los lectores de los grandes medios.
    Conceptos como 'creatividad', 'innovación', 'genio' y 'emprendizaje'
    son los favoritos de la escena hipster y también de las grandes
    corporaciones. Por eso la mitad de las campañas publicitarias tienen
    banda sonora de estos grupos cool. Sonic Youth publican recopilatorio
    en Starbucks, los Pixies anuncian Apple y Russian Red se reparte entre
    Women's Secret y Trinaranjus. El lenguaje de los hipsters y el de los ejecutivos publicitarios es calcado: si compras este producto o
    escuchas este grupo dejarás de pertenecer a 'la masa' y te convertirás
    en 'especial'. Es un truco simplón y transparente, pero también muy
    efectivo. A mí me tuvo engañado durante unos veinte años", razona el periodista.

    Resumiendo para acabar: Puede que los hipsters se consideren muy
    especiales por oír música experimental, en contraste con los merluzos
    que asisten al Viña Rock, pero lo que les define en realidad es algo
    tan ordinario y mainstream como sus gustos como consumidores. De ahí
    que, donde unos ven sofisticación individual, Lenore vea más bien
    "paletismo" borrego.

    "La cultura indie, hipster y gafapasta se basa en comprar. Es verdad
    que los productos son distintos a los habituales: digamos comida
    orgánica, ediciones limitadas en vinilo y lámparas retro, pero al fin
    y al cabo lo que te define es el consumo. En realidad, lo hipster es
    una puesta al día de la mentalidad de los pijos de los ochenta. Por
    eso Alaska y Mario Vaquerizo hablan el mismo lenguaje que su amiga
    Carmen Lomana, aunque a unos les gusten los Ramones y a otra las
    rancheras. Lo que digo en el libro es que no eres superior a nadie por
    haber pasado un año en Berlín, leer a Foster Wallace y escuchar
    antifolk. Es cierto que hemos ganado en variedad de estilos de vida,
    pero no de posturas vitales, ya que sigue mandando el individualismo y
    el consumismo. Ser una persona culta, consciente y sofisticada
    requiere mucho más esfuerzo que el de usar tu tarjeta de crédito. En
    gran parte, los hipsters son una versión 2.0 de los yuppies, con mucho
    menos dinero pero igual de narcisistas", zanja Lenore

    En dos palabras: haciendo amigos.


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    A reveure!!
    Enric
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